Coontaadoor

Perdonar / Primera parte

Me levanté y desayuné, como cada mañana.
Luego me preparé y me fui tranquilamente a la Universidad.
De camino, se me ocurrió la idea de ir a visitar a mi novio a su campus.
No estaba muy lejos de donde yo me encontraba y todavía era temprano,
a si que no vi por qué no ir. Cuando llegué a la esquina de donde él siempre está,
me paré en seco con los ojos bien abiertos, no podía creer lo que mis ojos  estaban viendo.
Sus manos rodeaban las bonitas caderas de una rubia, y ésta lo agarraba  por su bonita camisa, camisa que yo le regalé.
No paraban de reírse y de besarse, como si nada pasase.
Apenas pude aguantar el llanto que se me avecinaba,
pero saqué fuerzas y les grabé con mi móvil.
Cuando terminé, me fui llorando a clase, mirando hacia el suelo, tropezando con cualquiera que pasara por mi lado, recordando una y otra vez la escena que me había encontrado y rezando para que todo fuese solo un sueño. Tenía que estar durmiendo, no tenía otra explicación.
Llegué a clase, todos me saludaban, me hablaban,
me contaban como les había ido, y yo, sin escuchar ni una sola palabra.
Mis amigos empezaron a darse cuenta de que algo me pasaba,
y me preguntaban por qué estaba así, pero yo les respondía sin palabras,
rebobinaba aquellas imágenes y miles de lágrimas volvían a caer por mis rojas mejillas.
No preguntaron más, sabían que no quería hablar y que solo quería estar sola.
Pasaron las horas, y por fin sonó el timbre de la salida.
Cuando salí, vi que él me estaba esperando, como cada día.
¡Será engreído! Pensé para mis adentros. Me estaba recibiendo con una enorme
sonrisa y con los brazos abiertos.
Fui hacia él, lo miré con odio, le di una buena bofetada y le dije:
“Lo nuestro se ha terminado, no puedo creer que me hayas hecho esto,
no quiero volver a verte nunca más “
Él, sin saber por qué le había dicho todo eso, no paró de decirme que no entendía nada, que se lo explicara.
Sin más, le tendí mi móvil y le enseñé el vídeo.
Cuando terminó de verlo, me miró con lástima y me pidió perdón, pero enseguida le quité mi móvil y me fui. Irremediablemente, me alcanzó, y sin cesar, me decía que no lo volvería ha hacer, que me quería de verdad.
Yo seguí mi camino hacia la parada de guaguas y lo ignoré completamente en el trayecto, aunque a veces se me escapaba algún que otro insulto, pero me daba igual, es lo mínimo que se merece.
Cuando "llegamos", di gracias a dios, la guagua acababa de llegar.
Ya podía irme y alejarme de él.

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